viernes, 12 de febrero de 2010

ALGO DE IDIOMAS

En la comunidad en la que trabajo no hay segunda lengua oficial, en la mía sí, no es mejor ni peor, es simplemente un hecho. Pero hay cosas que pruducen granos en las nalgas a muchos buenos españoles. A mí no deja de resultarme curioso que pueda llegar a mi trabajo y enseñar inglés, francés, latín o griego, si lo quisiese alemán o chino que no me pondrían problemas, y, sin embargo, considerarían una osadía y una desvergüenza que pretendiese enseñar otra lengua española, no porque careciese de utilidad sino por pura ideología. Resulta extraño escuchar el odio con el que los españoles hablan de las lenguas españolas, ¡y uno que piensa que se debería ofertar su enseñanza optativamente pero inevitablemente!, entre otras cosas para presentarse a unas oposiciones en una comunidad bilingüe en igualdad de condiciones y sin la percepción de que esa realidad bilingüe no existe, y para que nadie alegue que es una injusticia exigir su conocimiento. Dos de esas lenguas son románicas, al igual que el castellano, por lo que un conocimiento bueno de las dos no sería tan complicado, aunque en verdad la percepción es que estas lenguas tienen 20 años y son un invento de unos terroristas separatistas que ahora utilizan los independentistas para romper España. La realidad es que los españoles que más hablan son los que menos conocen España y quienes en verdad menos la quieren, se pasean dos veces al año por Londres o París pero aun no saben colocar la provincia de Santiago de Compostela. Su ignorancia del país es grande y por tanto de sus costumbres y su cultura, y sin embargo te explican a ti como son las cosas allí de donde tú vienes, porque estuvieron dos días en San Senjo y dos en La Toja previo paso por Puertonuevo. Así uno se entera que está prohibido el castellano en Galicia, que si lo utilizas ni te operan, ni te enseñan, ni te venden pisos, por no hablar de la policía lingüística, que te pega una cachiporra si estás a la sombra de un roble y no de un carballo. Y se quedan tan anchos vaya... como si una lengua en sí misma produjese algún daño o como si tuviese la culpa de que la use algún descerebrado (por cierto, Franco hablaba castellano). Lo mejor es que cuando intentas hacerles ver que están equivocados, que los periodistas de ciertas emisoras no se han tomado un pulpo a feira en su vida en Galicia, no te creen, aunque les digas que el mismo don manuel, el fraga iribarne vaya, desde el primer día que se plantó en Galicia como candidato a la Xunta, hasta el día en que la abandonó no dijo un palabra en público en castellano al dirigirse al los gallegos, como ahora no lo hace el tal feijoo, aquí ponen la cara de póquer esa que tienen los ignorantes cuando no quieren salir de su ignorancia y no te creen. Y si intentas convencerlos de que la gran mayoría de los votantes del PP, el 100 % de los que habitan en el rural, son hablantes de gallego, no te creen, y tú que hablas con tu abuela en esa lengua y ella que tiene la bandera de las gaviotas en su alcoba.... Rídiculo decirles que uno es castellanohablante, licenciado en Filología Hispánica y amante de Cervantes y que nunca le han prohibido expresarse en su lengua, eso será mentira o yo no me he enterao, puesto que está más que prohibido, bajo amenaza de cóctel molotov.
Lo curioso es que el castellano nació en un territorio más pequeño que Galicia o Cataluña y por cuestiones políticas se extendió al resto de la península, pero resulta que no, que a la vez nació en Granada, Valencia, Cáceres y Badajoz, Salamanca y Pontevedra, de ahí, claro, que española sea la Española y extranjeras la Catalana y la Gallega.
Si España fuese la una, grande y libre que pregonan, defendería sus cuatro lenguas por igual; ¿o es que tenemos que prohibir el flamenco en mi tierra? ¿Es qué hay cosas más españolas que otras? Evidentemente no, pero para los españoles sí, en plena coincidencia con los nacionalismos periféricos.

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