jueves, 10 de diciembre de 2009

¡Y TÚ MÁS!

Es esta, ¡y tú más!, una expresión muy infantil y muy española. Ante el hecho de algún tipo de falta, error o llámesele como se quiera es frecuente escuchar ¡y tú más! como si eso aliviase la propia falta o lo que es peor, la justificase. Esto que parece una exageración está a la orden del día en España en todo tipo de situaciones, entre otras cosas porque va al pelo a una sociedad corrompida y podrida de arriba a abajo. Muchos pudimos escuchar alguna vez a algún mariscador furtivo quejarse amargamente a la Guardia Civil con el argumento siguiente: "yo no le estoy haciendo daño a nadie, si se dedicasen a atrapar a los de la droga..." como si el hecho mismo de que hubiese narcotraficantes supusiese una liberación para todos los demás que cometiesen algún delito en la costa; podemos recordar como un alcalde de un pueblecillo de Málaga fue detenido por presunto delito de corrupción y como ante todos los medios de comunicación afirmó "en vez de perseguir a ETA detienen a ciudadanos honrados", como si la lucha antiterrorista, más o menos eficaz, impidiese a la policía y las autoridades competentes acometer otro tipo de delitos; otro ejemplo elocuente lo tenemos con las corridas de toros, el toro de la vega, el lanzamiento de cabras desde campanarios y similares, sus defensores puestos en pie de guerra afirman que hay salvajadas más grandes que estas, algunas entre personas, así como otra serie de problemas sociales, como si una animalada se anulase con otra; como profesor no es infrecuente ver como los niños justifican sus meterduras de pata en base a que son menores que las del compañero, del mismo modo sucede entre los profesores; así también es una actitud que encontramos en cualquier trabajo, la culpa nunca es propia, siempre es inducida y en todo caso no es tan grave como la del compañero y por tanto justificable.
En fin, una actitud muy española decía. Se nos pretende hacer creer que un delito, una falta, una salvajada son justificadas en base a que existen unos delitos, unas faltas y unas salvajadas de mayor calibre que por tanto anulan las anteriores. Cuanto más nos acerquemos a situaciones que tienen que ver con las tradiciones de un lugar o las corrupciones de unos políticos más salen a relucir estas actitudes comparativas, en el fondo un modo claro de autoinculparse, pues al reconocer como menor un delito frente a otro más grave, se está reconociendo el propio delito. No deja de ser por tanto una actitud, además de española, pueril: como hay unas salvajadas muy grandes y unos delitos muy tremendos quedan lavados y libres de pecado otros que se presentan casi como inofensivos.
Lo verdaderamente preocupante de este hecho no es la existencia de estas justificaciones sino el eco y el respaldo que tienen en la sociedad; actúan como somníferos capaces de anular la conciencia de la gente y conseguir que un rebaño amplio de humanos afirme a coro, "pues es verdad, tanto detener alcaldes y los etarras sueltos, tanto ir en contra del toro de la vega si hay trabajadores que se caen del andamio, tanto "pescar" a los furtivos con los narcos sueltos..." Es preocupante, pero también peligrosa, una sociedad que justifica una serie de conductas deplorables por no ser tan graves como otras, conduce claramente a una sociedad podrida y corrompida desde lo más profundo.

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