martes, 24 de noviembre de 2009

LOS NIÑOS MALOS

Ayer noche, en el Telediario 2 de TVE, pudimos ver la siguiente noticia: Al 20% de las niñas le gustan más los niños conflictivos, los gamberretes de toda la vida. Tal noticia venía a verificar lo que tantos pseudointeligentes consideran como degeneración de la educación, sin saber, como tantos otros de qué están hablando. Sin entrar en ese debate sí hay algo que me gustaría resaltar, y es que al 80% de las niñas no le gustan los niños malos o gamberretes de toda la vida, deduzco que le gustan pues los buenos o majetes de toda la vida. La cuestión es por qué porcentaje tan bajo pretende hacer generalización sobre este aspecto. Si ante cada cuestión antepusiésemos un porcentaje del 80% nadie osaría si quiera hacer un comentario. No puedo dejar de preguntarme por qué se consiente que se digan tantas falacias y tonterías sobre lo que debería ser aspecto fundamental de la sociedad, la Educación, y por qué se sigue considerando a la mujer sin ningún tipo de respeto desde tan pronta edad, pues claro, ese 20% que prefiere a los niños malos es muestra evidente de la degeneración femenina, que se lanza cada vez antes a por el maligno, da igual que el 80% se muestre "razonable " al respecto. ¡Santo Dios!, que dijo la diputada.
Todo esto viene a colación porque me recordó a una compañera de trabajo, profesora de Educación Física (no es infrecuente que los propios profesores tampoco comprendan la realidad que tienen cada día frente a sus narices), que en un curso de formación sobre educación sexual, afirmó tajantemente, como si pusiese el dedo en la llaga, "¿por qué a las niñas les gustan los niños malos?" Pues bien, a tenor de la noticia y del estudio, no parece que eso sea así. No le queda un camino fácil a la mujer en nuestra sociedad cuando las propias feministas, como esta profesora compañera mía, tienen en tan poca consideración a su sexo (tentado a poner género). Lo curioso del caso es que una periodista que cubría el curso, al día siguiente en un diario provincial de Granada publicó una reseña resaltando en negrita y letras grandes (el titular de toda la vida, vaya) las palabras del dedo en la llaga. Soberbio.

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